El orden me ha salvado de la locura

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Creo que no es casualidad que el jardín de Filomena surja precisamente en estos momentos.

Acabo de cumplir 52 años, en algunas tradiciones se piensa que a partir de esa edad la vida comienza de nuevo pero con la sabiduría adquirida de las experiencias vividas. Yo también lo creo, al menos siento la necesidad de compartir todas aquellas cosas que me han sido útiles a lo largo del camino.

Siento cada vez más la necesidad de apoyarnos unos a otros, de compartir nuestras experiencias, de impulsarnos en la realización de nuestros sueños, de dejar de guardar silencio sobre aquellas cosas que para nosotros son importantes.

Cuando miro atrás me doy cuenta de que hay un hilo conductor, algo común a todas las experiencias y es el anhelo de ser yo misma.

Creo que esto es algo que compartimos todas las personas nuestro deseo de aportar la esencia única de lo que somos allá donde estemos.

A lo largo del camino ha habido momentos dónde me he sentido sola, perdida, confusa y siempre en estos momentos he podido aferrarme al orden externo para encontrar esa conexión interna con mi parte más profunda y más sabia

Creo sinceramente que en muchos momentos el orden me ha salvado de la locura, es algo que surgía de forma espontánea en los momentos más duros, en las relaciones más conflictivas …

Me doy cuenta de que en todos los casos siempre era una ayuda para otros cuando entraba en acción. A veces al comienzo había un poco de resistencia, pero al final las personas, amigos, familiares, parejas…estaban muy agradecidas…

El mayor reto para mi ha sido mi madre, y es gracias a ella que comencé esta aventura.

Nunca me permitió poner orden en su “desorden” y así me lo hizo saber «no toques mi desorden déjalo como está», hasta que mi capacidad de poner orden, fue tomada por mi madre para salir de una situación difícil que estaba viviendo. Esto para mí fue como un milagro, es como si la vida me dijera a través de mi madre: “ahora sí, ahora estás preparada, ahora puedes compartir lo que  sabes, ahora puedes compartir lo que eres”. Le doy las gracias profundamente a mi madre, quizás  por primera vez me acerque a ella desde la humildad de querer devolverle algo de lo mucho que ella me ha dado a mí y quizás ella ha podido sentir esto y ha podido decir “Sí, ahora puedo verte, puedo tomar este regalo”.

Fue algo mágico, empezamos las dos a poner orden y después de unas horas no exentas de tensión, mi madre me dijo: «parece q ahora se respira mejor»

Mi madre tiene 72 años y ha tenido que hacer un gran esfuerzo para decidirse a poner orden, si ella ha podido, por qué tú no…

Con ella tiré muchas cosas, incluida la idea de que yo no podía tener éxito haciendo lo que más me gusta y lo que mejor sé hacer:

Acompañar a las personas en sus procesos vitales a través del orden, los sueños, el tacto, y el Amor

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